Avanzaron apenas 3 pasos y se detuvieron. La oscuridad llenaba toda la estancia, puedieron oler, aunque levemente, como desvanecido, ese característico aroma a tabaco dulzón ...
-Sacad vuestros mecheros- dijo Arandiel. Todos se sobresaltaron. Sin darse cuenta había gritado, tal vez presa de la impaciencia, tal vez por la tensión acumulada. Sus palabras retumbaron en la estancia, chocaron contra las paredes de piedra y volvieron a estrellarse contra sus oidos cual si fuesen voces procedentes del más allá...
Los mecheros se encendieron y sus llamas iluminaron levemente la entrada. Pudieron distinguir que se encontraban en un pasillo no muy estrecho, al fondo del cual, se veían dos bifurcaciones una a cada lado del pasillo. Comenzaron a avanzar. Al principio, vacilantes, luego con decisión pero sin acelerarse. A medida que avanzaban las llamas de los mecheros recortaban sus figuras contra las paredes. Sus sombras se proyectaban en la piedra trémulas, reflejando, quizá, el estado de sus almas...
Al llegar al final del pasillo decidieron adentrarse por la abertura de la izquierda. Apenas 10 pasos más adelante se toparon con una puerta de madera con extraños dibujos en relieve. Se podían apreciar varias escenas, como diferentes capítulos de una historia, pero en todas ellas estaban siempre presentes las figuras de los Ángeles Torturados. Se hallaban imperturbables observando desde arriba a diversas personas, éstas sufrían crueles castigos unas veces y otras se hallaban en completa quietud ... yaciendo muertas y siempre, omnipresentes, los Ángeles.
Abrieron la puerta. Un olor muy extraño invadió sus olfatos. Mezcla de rancio, humedad ... ¿sangre?. Todos sintieron que sus estómagos se revolvían, algunos como Younas o Karen, no pudieron evitar las náuseas. Una vez recuperados un poco de la oleada nauseabunda, entraron en el recinto. Pudieron apreciar candelabros a ambos lados de la puerta. Encendieron las velas y la luz lo iluminó todo. Era una especie de ... ¿iglesia?, no, no era exactamente una iglesia; Sí tenía un altar en el centro, al final de unos escalones que lo elevaban como para poder ser visto desde cualquier sitio de la estancia, pero las imágenes de santos y de vírgenes, típicas de las iglesias, habían sido reemplazadas por figuras desgarradas por el dolor, el sufrimiento, la angustia ...Tenía toda la pinta de ser una especie de altar de sacrificios
Giraron en derredor, observando detenidamente toda la habitación, fijándose en todos y cada uno de los detalles de las múltiples escenas que se hallaban diseminadas por todo el recinto, bien en forma de cuadros y estampas, bien en forma de estatuas. Detrás del altar vieron un atril con un gran libro abierto. Las páginas se mostraban amarillentas, señal de que el paso del tiempo estaba haciendo mella en ellas. Algo les decía que, tal vez, aquel fuese el tercer tomo que andaban buscando.
Arandiel se acercó hacia él. Se detuvo delante. No se atrevía a comprobarlo, su único objetivo hasta ese momento había sido encontrar ese libro, pero ahora, algo dentro de ella le decía que no lo tocase. Era la primera vez desde que habían llegado que sentía como si mil voces en su interior le gritasen que saliese corriendo, que se fuese inmediatamente de ese lugar y que no volviese nunca más. No. Decididamente no. Había llegado hasta aquí y ahora no iba a salir huyendo como un cobarde. Recordó la imagen de su pobre amiga Sasha inerte en el suelo de la despensa y eso le ayudó a recordar que se había jurado descubrir qué pasaba en esa mansión. Todo su arrojo y decisión, dormidos por un instante envueltos en la indecisión que le habían producido las dudas, volvieron a anidarse en su persona y a aflorar al exterior. Asió el libro con fuerza, lo cerró y pudo comprobar que no se había equivocado. Era el tercer tomo de los Ángeles Torturados.
- Ya lo tenemos, muchachos - gritó volviéndose hacia sus compañeros que habían estado observando todos sus movimientos absortos cada uno en sus propios miedos y pensamientos.
Bien pensaron todos y sintieron como la tensión dejaba de ser tan oprimente en sus cuerpos y en sus mentes. Zak propuso que antes de volver a la mansión a leer los 3 tomos, deberían ver qué se hallaba al fondo de la otra bifurcación. No se sentían con muchos ánimos, pero ya que estaban allí no se iban a ir sin saber qué nuevos misterios les deparaba la \"mansión maldita\". Así que volvieron sobre sus pasos hasta el punto exacto del pasillo en el que se dividía en dos. Tomaron el pasillo que se abría hacia la derecha y siguieron avanzando. Esta vez, el final estaba más lejano, o ¿sería que ellos iban más despacio?. De cualquier forma, llegaron al otro extremo del pasillo. Una puerta se erguía majestuosa al fondo. A diferencia de la otra, ésta era una puerta metálica, más moderna en comparación con la que acababan de abrir en el santuario. Otra vez sintieron esa sensación de que algo no cuadraba, continuamente notaban cómo se entremezclaban en esa casa, cosas antiguas con otras más modernas. Era como si el pasado y el presente se diesen la mano y avanzasen juntos en esta mansión... Tal vez alguien, se estaba aprovechando de los horribles recuerdos del pasado que estaban impregnados en cada centimetro de esas paredes, para usarlos en su propio beneficio, pero ¿qué beneficio? y ¿quién exactamente?.
Zak estaba en primera fila, justo delante de la puerta. Divisó una manilla, la agarró y titubeante presionó sobre ella, mientra su pensamiento era el de que seguramente estaría cerrada. Para su sorpresa, la puerta no estaba cerrada. Sonó un click metálico y se abrió una portezuela más pequeña. Entonces se dieron cuenta de que aquella puerta era una especie de portón al estilo típico de los garajes para coches o de los almacenes. Esta vez el olor que les llegó no fue nauseabundo, al contrario, era un olor que ya empezaba a ser muy familiar para ellos ... tabaco dulce
